25 de abril de 2014

Pollo colorao

Hace siete meses ya que empecé con ésta aventura del blog, en los que he disfrutado muchísimo, viendo como ha evolucionado, como sois muchos los que me seguís y me apoyáis! Empecé con una presentación, contándoos cúal era mi situación, y hoy, por fin puedo deciros que de nuevo tengo trabajo!
Ha sido una espera larga y dura, pero de nuevo puedo disfrutar haciendo lo que verdaderamente me gusta profesionalmente y de una manera recompensada! :)
Con ésta alegría tan grande vamos a los fogones con una nueva elaboración!
Ésta es otra de las recetas típicas de mi abuelina. Cuando vamos a comer a su casa, nos suele sorprender con los segundos platos, ya que de primero siempre tiene que haber sus macarrones con tomate por exigencia de sus comensales jejeje pero ésta receta  también es muy socorrida. 
Es que esa salsita tan buena para mojar, con el pollo casero especiado, es una auténtica delicia!  
Desde luego he visto como hace ésta receta un millón de veces, pero a la hora de hacerlo el resultado no es el mismo. Yo creo que el cariño y el cuidado que ella pone es el ingrediente esencial e indispensable...

¡Espero que os guste!






(2pax)
INGREDIENTES:
  • 1/2 Pollo de corral pequeño
  • 1/2 Cebolla
  • 1 Pimiento verde
  • 2 Zanahorias grandes
  • 2 Dientes de ajo
  • 1 Vaso de vino blanco
  • C/s de salsa de tomate casero
  • Hierbas aromáticas al gusto: Tomillo, romero, pimientas, una hoja de laurel.
  • 200 ml de agua
  • Sal
  • AOVE




PREPARACIÓN:

Cortamos la cebolla en mirepoix (trozos de 1 cm), y la ponemos en una cazuela con aceite de oliva al fuego.

Tras unos minutos, cuando la cebolla comience a transparentarse, agregamos la zanahoria cortada en rodajas finas.

Cuando hayan dorado un poquito, agregamos los dientes de ajo bien picaditos y dejamos que poche.

Mientras las verduras se hacen, cortamos en trozos el pollo, lo salpimentamos y espolvoreamos con hierbas aromáticas al gusto. Yo he usado romero y estragón.

Subimos el fuego y ponemos el pollo en la tarter, por un lado, y luego por el otro, para que con fuerza su superficie se haga y cree una costra que impedirá que en la cocción se pele.

Después agregamos el vino blanco y dejamos que se evapore.

Agregamos la salsa de tomate. Como ya sabéis yo uso esta salsa casera que hacemos a finales de cada verano con tomates de la huerta, con su punto entre picante y dulce y aromatizado a nuestro gusto.


Dejamos que se haga durante 15-20 minutos, dándole vueltas de vez en cuando para que no se pegue hasta que reduzca la salsa.

Pasado este tiempo, apartamos del fuego y con paciencia, reservamos en un plato el pollo y parte de las rodajas de zanahoria.

Con una batidora molemos la salsa.

Pasamos ésta salsa por el chino para que vaya lo más fina posible.

Ponemos la tartera al fuego y agregamos las zanahorias y el pollo que habíamos reservado.

Agregamos el pimiento verde cortado en paisana y dejamos que cueza todo junto durante aproximadamente 5 minutos hasta que el pimiento verde se reblandezca.

Servimos nuestro pollo caliente, acompañado de salsa y verduras.

Éste es el resultado final de nuestro pollo colorao guisado.

Sin duda un plato para acompañar con un poquito de pan.
¡Qué aproveche!



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21 de abril de 2014

Pulpo a feira

Después de un breve parón por la semana grande de León, su Semana Santa, vuelvo a los fogones con una receta riquísima!
Éste es un plato representativo de nuestra gastronomía, tradicional de Galicia y del Bierzo, aunque su consumo se ha extendido por toda España. Se trata de pulpo colorado por el pimentón con sal y bañado en aceite de oliva... Una auténtica delicia!
En mi casa el pulpo se suele hacer en la Noche de Reyes, guisado en salsa con patatas y huevo. A mí me encanta de las dos maneras.
Ésta es la primera vez que he hecho pulpo desde que lo hice en la Escuela de cocina, y a juzgar por el resultado y por lo que sobró (nada de nada jejeje) ha quedado muy bien.

¡Espero que os guste!







 (2 pax)
INGREDIENTES:

  • 1 Pulpo pequeño
  • 200 ml de agua
  • 1 Hoja de laurel
  • 3 Patatas medianas
  • 2 Cdas de pimentón picante
  • Sal
  • AOVE



PREPARACIÓN:

Como somos dos en casa, compramos un pulpo pequeño. El nuestro pesaba 2.150 kg y la apariencia en bandeja es engañosa. Parece que vas a tener pulpo para dos o tres comidas pero en cuanto lo cueces, merma muchísimo.
Es importante ablandar el pulpo antes de cocinarlo. Se suele hacer dándole golpes contra la encimera, pero se consigue el mismo efecto si el pulpo está congelado, ya que se rompen las fibras y la carne queda igual de tierna. (Así te evitas montar un combate pulpo-encimera, y tener que limpiar toda la cocina después)

Limpiamos el pulpo quitándole del agujero del centro en el que salen todas las patas, la "pezuña" negra que en realidad se trata del depósito de tinta.

 Ponemos en la cazuela más grande que tengamos agua y una hoja de laurel para que aromatice. Cuando el agua comience a hervir, cogemos el pulpo por la cabeza.

Lo sumergimos el el agua durante unos segundos.

Lo sacamos, y repetimos éste movimiento otras dos veces más.
Este proceso se considera asustar el pulpo, y consiste en meter y sacar el pulpo tres veces de la cazuela y conseguir que el pulpo quede tieso y que en la cocción no se desprendan sus pieles.

Dejamos el pulpo en el agua hasta que comience a hervir.

A partir de que el agua hierva, dejamos a fuego medio durante unos 30-40 minutos.

Hay que pinchar el pulpo de vez en cuando, controlando su dureza.
A esta elaboración hay que pillarle el truco. Se trata de conseguir un pulpo ni muy duro ni muy blando y sin textura chiclosa.

 Pasado éste tiempo y cuando el pulpo esté cocido, dejamos reposar unos minutos y lo sacamos a una fuente para que temple.

Pelamos las patatas y las cortamos chascándolas a la mitad.
Las ponemos en el mismo agua de la cocción del pulpo, y dejamos cocer durante aproximadamente 20 minutos.
Haciéndolas aquí, se consigue que tengan un color rosáceo y adquieran todo el sabor del pulpo. Ésto depende del gusto de cada persona, también se pueden hacer en otra cazuela.

Cuando las patatas se hayan cocido, las sacamos a un plato (Lo típico es ponerlo sobre una tabla de madera) con ayuda de una espumadera para que no haya caldo de la cocción en el plato.

Con ayuda de unas tijeras de cocina cortamos el pulpo.
Primero se ha de cortar entre pata y pata y después cortar cada extremidad lo más pegado posible a la zona de la cabeza, para conseguir unos cortes bastante gruesos.

Después cortamos la cabeza en trozos pequeños y cogemos una a una cada pata, y cortamos en rodajas. Al llegar a la parte final de los tentáculos lo dejamos de una pieza al ver que es demasiado fino.

 Las rodajas han de ser de un cm de grosor. Más o menos lo que hay entre cada tentáculo y tentáculo.

Continuamos hasta acabar con todo el pulpo. Salamos.

Servimos en la mesa con el pimentón y el AOVE.

Espolvoreamos el pimentón.

Rociamos con el AOVE.

Éste es el resultado final de nuestro pulpo a feira.

Se me hace la boca agua.
¡Qué aproveche!



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11 de abril de 2014

Torrijas

Oficialmente, hoy empieza la Semana Santa! 
Yo, no me considero creyente así que mucho menos soy practicante... Pero jamás había visto una procesión (Las de mi pueblo no cuentan...No son ni parecidas jejeje) hasta el año pasado, que vimos algunas de la declarada de Interés Turístico Internacional Semana Santa de León. Me encantaron. Jamás pensé que a mí podría llegar a gustarme, pero sinceramente es algo digno de ver. 
Así que este año, con la app de las Cofradías de León instalada, ya estoy al tanto de las procesiones y sus recorridos; veré todas las posibles!
Un dulce típico de estas fechas es la torrija, que consiste en una rebanada de pan empapada en leche que se reboza en huevo y se fríe, se endulza con azúcar y se aromatiza con canela o algún licor. Es un alimento humilde que satura pronto al comensal, que es lo que se busca en Cuaresma y Semana Santa, cuando los católicos no pueden comer carne.
A mí me encanta éste postre, y mi forma de hacerlas triunfa. Es ponerlas en la mesa y oye... Visto y no visto! jejeje

¡Espero que os guste!





INGREDIENTES:
  • 1 Barra de pan del día anterior
  • 1/2 Litro de leche
  • 3 Huevos
  • 60 g de azúcar (Más una poca más para espolvorear)
  • C/s de canela molida
  • Aceite para fritura




PREPARACIÓN:

Cortamos el pan en rebanadas de aproximadamente 2 cm de grosor.
El pan ha de tener mucha miga, y una corteza dura, así que lo mejor es una barra de pan tipo rústica. 
Para esta receta es importante que el pan este del día anterior, por lo cual esté duro y a la hora de bañarlo en la leche, empape mejor.

En una fuente, disolvemos el azúcar en la leche y lo calentamos a potencia máxima en el microondas durante un minuto (Tiene que estar caliente pero sin haber llegado a hervir).
Hay quien este proceso lo hace en una tartera, infusionando la leche con una rama de canela y piel de limón o naranja, al gusto. Pero como lo de los sabores es algo muy personal, es preferible que cada uno se "sazone" la torrija al gusto; si yo hago las torrijas ya infusionadas con canela, mi madre no las prueba! Y eso sí que no... jejeje

Metemos las torrijas en la leche. Al estar caliente, hará un efecto que les ayudará a "chupar" la leche más rápidamente y en más cantidad.

 Dejamos unos segundos para que absorban un poco de leche e inmediatamente les damos la vuelta para que también absorba la leche por el otro lado.
Yo lo que hago para asegurarme de que las rebanadas de pan estén bien emborrachadas es apretarlas a modo de esponja para que suelten el exceso de leche, y al volverlas a soltar absorban la justa y necesaria para que queden jugosas.

Como veis quedan bien empapadas.

Batimos los huevos hasta que se forme una pequeña capa de espuma encima.

Pasamos las torrijas por los huevos batidos, asegurándonos que las cubra por todos los lados.
Dejamos que escurra un poco para quitar el exceso y no formar una tortilla encima de cada rebanada.

En una sartén con AOVE bien caliente, ponemos las torrijas y dejamos que se doren durante unos minutos.
En el momento en que se empiece a formar una pequeña costra de huevo en los bordes de la parte de abajo, y ésta tenga un tono dorado...

... Les damos la vuelta a las torrijas, y dejamos que se doren de igual modo por el otro lado.

Pasado el tiempo, sacamos las torrijas con cuidado ya que estarán muy blandas y se pueden resquebrajar; y las disponemos en un plato con papel absorbente para que quite el exceso de aceite de la fritura.

Cuando hayan templado y no estén tan grasudas, las colocamos en un plato. (A poder ser, colocarlas todas en la base del plato, sin hacer capas)

En un cuenco, echamos un poco de azúcar y canela al gusto.

Mezclamos bien, hasta obtener una especie de azúcar moreno.

Espolvoreamos un poco de esta mezcla en las torrijas de quién quiera.
También hay quién las empapa en miel.

Éste es el resultado final de nuestras torrijas.

Y así se ven al corte.

Súper jugosas! Buenísimas
¡Qué aproveche!



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© Andreíta come de todo